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El chico de las aspas al viento

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Aspas al viento

Sol, mucho sol, viento y un cielo profundamente azul añoraba en esos momentos.

Un cielo que no vuelve, nubarrones que lo esconden ¿Cómo tratar con el viento y pedirle un favor?

Día tras día el viento sopla aquí, golpea las aspas, me golpea también a mi, ellas giran y yo inmóvil sigo, anclado al suelo sin remedio, tal parece que mi alma se fue con el sol.

El viento caprichoso sólo se burla de mi, juega con las aspas y a mi me mira con desdén, de un momento a otro volverá de nuevo contra mi, yo solo quiero ser su amigo, necesito su favor.

Devuélveme mi cielo claro y limpio junto al sol, día a día esperare ya verás como no me iré, pues anhelo esos tiempos de alegría y gran ilusión.

Texto e imágenes: Candy Rose

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Amor por los hijos

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Las luces a esa hora del día se colaban por entre las ramas de los árboles, eran como destellos dorados, danzando sobre mi rostro que podía percibir aun con mis ojos cerrados, el ruido de las hojas rozando una con otra imitaban las olas del mar,  transportandome, hacia ese lugar tan añorado.

Sentí que alguien se aproximaba, era una dama que  tomó asiento en una banca proxima a la mía, dos hombres se habían acercado a ella, tantas veces he visto situaciones así, que no pude evitar sonreír y comentar al respecto.

Una vocecita muy familiar venía acercandose.

-¡Abuelo! ¡Abuelo!-  gritó soltandose de la mano de su madre para correr.

Abrí entonces mis brazos para recibir a mi pequeño nieto, el cual siempre se lanzaba sobre mi, para colgarse de mi cuello y recibir su dosis de besos.

-Papá que bueno que te encuentro ¿Puedo dejarte un momento a Luis? Necesito hacer una llamada-

-Claro que si hija, ni siquiera tienes que preguntar-

Luis enseguida se sentó en el suelo junto a mi, saco de su mochila el vaquero que le había  regalado para su cumpleaños y se sumergió por completo en su juego; una niña que ya jugaba cerca de ahi, venía corriendo y haciendo alborotó, como lo más natural, se aproximó a mi nieto.

-Cristy, ahora vuelvo, no te muevas de aqui, veré si tu padre ya llegó- aviso la dama, que había tomado asiento cerca de mi.

-Quiero jugar- dijo Cristy, arrebatandole de sus manos el juguete favorito de Luis, miré a mi nieto y por esa conexión tan especial que guardo con el, comprendió con esa mirada que no había ningun problema en compartir con una niña extraña su juguete, aunque esta ni siquiera lo hubiera pedido.

-¿Puedo jugar con tu avión?- pregunto Luis

-Si- contestó Cristy al principio con afecto, pero en cuanto Luis quizo tomar el juguete, esta puso su pie sobre el avión.

-¡Noooooo! ¡Es mío!- dijo en tonó de advertencia, mirando con recelo a Luis.

No pude evitar intervenir, y le pedí a la niña amablemente le devolviera su juguete a mi nieto.

-¡Noooo! ¡Es míoooo!- Insistió la niña aferrandose  fuertemente al vaquero.

-Esta bien abuelo, jugaré con mi avión- sacó entonces de su mochila una hoja y se fabricó un avión, es de esas cosas que me impresionan de él, es dificíl apagar su espiritu y su entusiasmo.

Cristy al ver como se divertía Luis con su nuevo avión improvisado, se acercó a el y sin ningun motivo lo empujo, Luis no le dio importancia y se alejo un poco para seguir con su juego, Cristy insistente volvió a acercarse pero esta vez fue más decidida, le arrebató el avión lo estrujo y lo arrojo al suelo.

-¡Es mioooo!- volvió a decir.

Indignado me levante de mi lugar y le pedí a la niña le devolviera su vaquero a mi nieto. En ese momento y a toda prisa se acercó  amenazante un hombre.

-¿Que pasa? ¿Por qué quiere quitarle sus juguetes a mi hija?- dijo visiblemente molesto

-Disculpe pero el vaquero es de mi nieto-

-¿Hija te gusta ese juguete? Esta viejo y usado-

-Yo lo quiero papá-

El hombre preguntó entonces cuanto dinero quería por el juguete, yo le respondí que de ninguna manera estaba en venta.

-Mi nieto no tiene ninguna molestia en que su hija juegue con el, pero ella ha sido muy grosera-

-¿Como se atreve a decir que es una niña grosera? No le permito que diga tonterias de  ella, es mi única hija, por lo tanto procuro no le falte nada y tenga todo lo que ella quiera, así que mida sus palabras-

-Usted no ama a su hija-

-Por supuesto que la amó, viejo necio ¿Acaso no ha escuchado lo que he dicho?-

-«El que detiene el castigo, a su hijo aborrece; más el que lo ama, desde temprano lo corrige»  (Prov. 13:24) y no necesito decirle más-