¡Brilla!

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luciernaga

-Solo quiero morir, déjame- Volvió a repetir la luciérnaga a la polilla en medio de la oscuridad de esa noche fría.
Luciérnaga llevaba varias noches así, tirada sobre el suelo, escondida bajo una hoja del durazno que se deshojaba poco a poco por el otoño, a veces parecía ya, lo que conscientemente quería y le repetía a Polilla. Inmóvil, sin importarle nada, de vez en vez sus ojos se inundaban en una corriente imparable de lágrimas ¿Pero qué? ¿Acaso las luciérnagas lloran? Al menos esta sí lo hacía y vaya que le constaba a la Polilla que así era.
-No sé exactamente qué pasó, te veías tan feliz revoloteando junto a Lechuza- comentaba Polilla a Luciérnaga la que, al escuchar Lechuza volvía a llorar sin decir palabra alguna.
– ¡Mmmmm!… me parece que la herida resulto ser mortal- Dijo Polilla después de inspeccionar a su amiga y cerciorarse de que estaba físicamente ilesa, con sus alas perfectamente intactas
-El daño puede ser irreparable en ti, si así lo quieres y decides que sea, lo que por lo visto no sabes y mucho menos Lechuza, es que el daño se extiende mucho más de lo que hizo aquí- menciono Polilla señalando el pecho de Luciérnaga.
-Los que están alrededor de ti les afecta, aun los que ni siquiera te conocen les afecta- Continuo Polilla
-Si ya lo sé, quien quiere a una luciérnaga deprimida cerca- dijo con una sonrisa torcida
-Por eso te escondes, te concentras en lo que eres a partir y después de Lechuza, pero ¿Recuerdas quien eras antes?-
Luciérnaga intento recordar, pero el dolor no la dejaba ver, era como un muro gigantesco que cercaba en su mente todo, pero Polilla no lo olvidaba, recordaba a su amiga entusiasmada por hacer cosas locas por los demás para hacerlos sentir bien, aun a los extraños, en sus ojos había una chispa que avisaba cuando una idea nueva trabajaba en su mente, nada la detenía, y aunque a veces era criticada y señalada, Luciérnaga se sacudía el polvo y seguía revoloteando por ahí, regalando sonrisas, y de todo esto le hablaba Polilla a Luciérnaga la cual escuchaba con incredulidad y asombro como si hablaran de otra criatura.
luciernaga 2-¿Recuerdas cuando seguías a ese pobre granjero recorriendo ese camino oscuro hasta su casa?-
– Si, que tonta, pensaba que mi pequeña e insignificante luz podría alumbrar un poco su camino-
– Tu y yo no podemos saber si era suficiente esa luz, o si al menos el notaba que estabas junto a él, pero ¿Recuerdas cómo te sentías entonces? ¿Recuerdas esa sensación dentro de ti cuando volabas?-
De pronto Luciérnaga se vio embestida por los recuerdos, el sentimiento de quien era antes la invadió, sus ojos pararon de llorar, entonces de pronto era como si estuviera nuevamente ahí, volando con decisión junto al granjero, haciendo oídos sordos a las demás luciérnagas que se burlaban por su intento de alumbrar el camino del viejo, un reconocido y renovado calorcillo envolvió su corazón, disipando poco a poco el dolor.
-No dejes de ser quien eras, reconoce nuevamente tu propósito ¡Brilla! No te canses de hacer el bien, no niegues, ni escondas tu luz ¡Brilla!-

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A partir de hoy

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El estruendo y el barullo de aquella tarde taladraban con insistencia la cabeza de Gino, todos se veían tan felices, auténticamente felices, insoportablemente felices, tal parecía que la alegría desbordada no cabía en aquel pequeño salón asfixiándolo, intentando entrar en cada poro de su piel a fuerza de las insistentes felicitaciones , se esmeraba por sonreír al menos nadie podría culparlo de ser un amargado, sus carcajadas se habían convertido en una válvula de escape, por la que liberaba de vez en vez cierta dosis de dolor, el suficiente para no volverlo loco, pero guardando  el necesario, como recordatorio.

conversando-¿Qué pasa?- pregunto Rosie, quien lo había visto escapar hacia el jardín y tomar asiento en una de las bancas

-¡Nada! ¿Qué habría de pasar? ¡Es mi cumpleaños estoy feliz! – respondió Gino con una gran sonrisa

-Te conozco ¿Tengo que recordártelo? – insistió Rosie

Gino sabía que no podía engañarla, por increíble que a veces le pareciera, él era como un vaso de cristal en sus manos, poco o nada podía ocultarle, era quizá por esa razón, que se había convertido en su mejor amiga, el cariño que Rosie le tenía, hacia tiempo había pasado de una simple atracción, era más como el cariño hacia un hermano, lo que le hacía anhelar con todo su corazón lo mejor para el.

-¿Hasta cuándo Gino?- la pregunta había dado en el blanco y el solo atinó a apoyar sus brazos sobre sus rodillas, llevando sus manos a la cabeza.

-He hecho cosas terribles-

-De lo cual estas arrepentido lo sé, la pregunta es ¿Es necesario traerlo contigo a cada instante?-

-Estoy muy dañado, más allá de lo recuperable-

– Y aun cuando pudieras ponerte a cuentas con cada una de esas personas, aun cuando te pusieras a cuentas con Dios, si no lo haces contigo mismo, seguirás castigándote, aun cuando te repitan tantísimas veces que a ellos ya no les importa tu pasado –

-No entiendes-

-Si entiendo-

-No soy bueno-

-¿Te das cuenta? Aquí estas de nuevo reprochándote, castigándote, despreciándote por cosas que ya quedaron en el pasado, y mientras no lo hagas, no podrás se feliz, seguirás fingiendo ante los demás, y lo que es peor, seguirás lastimando a otros, convenciéndote a ti mismo que al fin y al cabo eres la maldad personificada- continuo Rosie provocando una sonrisa retorcida en Gino con su última frase

-¿La maldad personificada? …¡Vaya!  Esa es nueva, la agregare a mi lista-

-Tu ancla está echada en el pasado, de ahí parte todo, y sabes no debería ser así si te hace daño, si afecta tu presente y por consecuencia tu futuro y el de los que están a tu alrededor-

Como otras veces las palabras de Rosie le escocían, no buscaba su consuelo, ni el de nadie pero en algo tenía razón algunas veces lastimaba con sus palabras a otros sin merecerlo, solo por sentirse odiado,  alimentando la idea de no ser bueno para nadie.

– ¡Se libre! ¡Se feliz hombre! – continuo Rosie dándole un empujoncito con su hombro, regalándole una sonrisa.

-Mereces ser feliz, profundamente feliz, sin fingimiento, y sabes eso no pasará hasta que te perdones a ti mismo, hasta que eches fuera de ti toda esa basura maloliente que llevas años cargando,  guardando celosamente dentro de ti, hasta que entiendas que todo eso ya no importa, que no se  puede cambiar lo que ya pasó, pero que si puedes cambiar lo que hay a partir de hoy-

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Premio Dardos

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Hace algunas semanas mi amiga bloguera Lihem me dejo un regalo muy lindo, solo que como soy un poco despistada, pues no lo había notado entre los comentarios.

Bueno debo decir que he tenido un poco abandonado este sitio por causas varias, sigo escribiendo eso si, lo que no hago es publicar, y pues es muy lindo aun así presente. Gracias Lihem

http://lihembensayel.wordpress.com/2014/10/05/premios-dardos/

Y aunque no me apegare a las reglas, no quiero que este detalle se quede solo aquí por lo que lo compartiré con mi amigo Alfredo, que al igual que yo ha andado un poco atareado. Amigo esta es para sepas que aun ausente, estas presente siempre.

http://venevasco.com/

Basta ya (II parte)

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Ceci terminó de realizar la curación a Gabo y lo acompaño a la dirección, estaba dispuesta a ser su apoyo al hablar con el director.
-¡Ceci tengo un niño que se siente mal, en la enfermería!- le llamaba una maestra por lo que tuvo que acudir dejando solo a Gabo, prometiéndole que volvería en cuanto le fuera posible.
Al tiempo Gabo observo como por el pasillo de lado contrario Bruno se acercaba, enseguida Gabo se encogió, llenándose de temor, convencido de que este lo buscaba seguramente para rematar lo que ya había iniciado, para reprocharle que lo hubiera acusado.
Bruno con cara de fastidio y obvio enojo tomo asiento en la única silla disponible afuera de la oficina del director, junto a Gabo. Su mayor preocupación en ese momento, era lo que le esperaba en casa y no precisamente ese niño debilucho que le servía de juguete y distractor, por lo que apenas si lo miró.
Cuando conoció a Gabo, se acercó para tentarlo, primero con una pequeña burla sobre su cabello rizado, al ver que este no reaccionaba, no se defendía y no decía nada, tiró por algo más ofensivo, de las palabras se fue al maltrato físico igualmente tentando al principio con un empujón, para después propinarle golpizas, varios de sus compañeros que al principio solo observaban se aliaron con Bruno.
pareja discutiendoBruno no le parecía tan malo, después de todo, es lo que vivía en su casa, de hecho se sentía bien, por saberse capaz de expresarse del modo en que sus papas lo hacían, en cierto modo era liberador, no sabía porque pero el enojo, se iba con cada palabra, cada golpe, que daba a Gabo, verlo llorar, eran como las lágrimas de el mismo, que se negaba ya a tener. En casa sus padres parecían estar más exasperados que nunca y otras veces parecía simplemente no existir, su padre regresaba muy tarde de trabajar y su madre salía con frecuencia, a veces el requerir un poco de su atención tenía un alto precio, gritos, miradas llenas de furia y de desprecio, sí, el mismo lo reconocía era un poco más travieso que otros niños, pero la mayoría de las veces no había razón para tal maltrato y en el fondo se preguntaba si era normal, y si acaso todos los niños lo vivían en sus casas ¿Y si todos los padres eran así con sus hijos?. Una lágrima de desesperanza, broto entonces de Bruno.
maltrato infantil¿Quién podría detener tal abuso? Quien podría detener la mano de aquel adulto frustrado, ignorante del cómo manejar sus sentimientos y emociones, imparable eran esas palabras que una vez pronunciadas llegaban al corazón del niño ocasionando un dolor más profundo que el cable azotado en su espalda.
-Ya basta… porque tú eres digno de amor y de respeto, porque eres valioso, porque eres único e inigualable-
Apenas se escuchó como en un murmullo con voz temblorosa, para enseguida volver a repetirse pero estaba vez con más decisión.
-¡Ya basta! Porque tú eres digno de amor y de respeto, porque eres valioso, porque eres único e inigualable… eso fue lo que me dijo Ceci, ¿Y sabes qué? Tiene razón…- se animó al fin a decir Gabo con sus ojos cuajados en lagrimas
Las palabras entraron en el corazón de Bruno arrojando luz dentro de el, reconociendo y adueñándose de cada palabra para sí mismo.
En ese momento Eduardo se acercaba por el pasillo y en cuanto vio a Gabo fue directo hacia el.
-¡Maldito soplón! Pero ahora veras-
Y diciendo esto lanzó su puño sobre Gabo, el cual para sorpresa de todos fue interceptado por Bruno.
-¡Déjalo en paz! ¡No te atrevas o te parto la cara!-
Gabo hecho bola sobre sí mismo, miraba a ambos con asombro e incredulidad.
-Ya basta… ¿No?- Alcanzó a pronunciar Bruno sonriendo y tendiéndole la mano a Gabo.

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Basta ya (I parte)

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A Gabo se le podría calcular a simple vista unos 9 o 10 años, sus ojos grandes con largas pestañas y unos rizos que se le formaban en su melena, le daban un aire de cierta ternura. Ceci enfermera del colegio, comenzó a hablar con el niño, se podía apreciar un corte sobre una de sus mejillas.
-¿Cómo te llamas?-
-Gabo -respondió entre sollozos.
– Cuéntame ¿Cómo te paso?-
De pronto la voz de Gabo se ahogó en un fuerte llanto al recordar lo sucedido, Ceci que había escuchado el llanto infantil otras veces por tantas razones, en esa ocasión le pareció diferente, algo le conmovía a tal grado que su corazón parecía magullarse, su experiencia le decía no era provocado por dolor físico, sino por indignación.
-Esos chicos me golpearon- Al fin logró pronunciar
-¿Así que peleaste?-
-No… ellos siempre son los que me molestan ¡Siempre!-
Por un momento, Ceci no supo que decir, había pesar en las palabras del chico y un recuerdo de pronto se avivo en su mente.
– Pero entonces ya te habían molestado antes ¿Y se lo dijiste a tus maestros a tus padres?-
– Si, pero ellos me volvían a molestar aún más… ¿Por qué? ¿Por qué?…- se preguntaba una y otra vez, mientras las lágrimas escurrían por el surco de su mejilla, que Ceci con gasa en mano intentaba mantener seca.
-¿Por qué no me quieren? ¿Por qué nunca quieren jugar conmigo? Porque yo siempre quiero jugar con ellos y no me dejan…Nadie me quiere, nadie me quiere… No me quieren, porque no soy bueno como ellos, yo no soy importante, no soy nadie, no valgo nada-
bullY a las últimas tres palabras le dolió fueran incrustadas en la mente de un niño, aquel estaba profundamente herido, su corazón no volvería a ser igual a partir de ahí, recordó entonces su propia experiencia, cuando la vida un buen día se volvió gris, cuando los chicas del colegio la acorralaron en el patio y la agredieron, después de meses de aguantar, burlas, y humillaciones, su madre termino cambiándolo de escuela, aunque la sensación de no ser lo suficientemente importante para ser querida y aceptada por los demás la arrastro por mucho tiempo.
-Escucha Gabo, a veces las personas tienen problemas en casa ¿Y sabes una cosa? Eso nada tiene que ver contigo, debes levantar la voz y decir ya basta, porque tú eres digno de amor y de respeto, porque eres valioso, porque eres, único e inigualable, y siempre habrá gente a tu alrededor dispuesta a apoyarte, no estás solo.
El llanto había cesado, y como si frente a ella estuviera aquella niña que fue acorralada en el patio trasero de la escuela Ceci abrazo a Gabo consolando a ambos.

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El anhelo de un corazón

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-¿Qué es lo que de verdad anhelo?- repetía Carol, la pregunta recién pronunciada, hecha por su propio corazón, por un momento reflexiono, había tantas cosas que preguntar, cosas quizás que pedir, ninguna imposible sin duda, tantos años de amistad, al menos de los que ella llevaba cuenta.
Tanto amor le había entregado El a ella, un derroche de amor siempre lo dijo, Él le prometió que estaría siempre a su lado, y era fiel a esa promesa.
Algunas veces lo ignoró, y otras tantas lo hirió, delante de todos, en medio de burla a manera de juego y El simplemente esperaba siempre con suma tristeza, a que ella quisiera volver, pero pasaban los días, las semanas, los meses, y el doloroso silencio se hacía eterno.
solitariaEl silencio y la indiferencia siempre era de ella, porque a El le gustaba aprovechar los días de sosiego para susurrarle al oído cuanto la amaba, para recordarle cuan especial era ella para su corazón, de Carol una lágrima escapaba, pero entonces se enjugaba, sacudía su melena, y volvía a su mundo caótico y ajetreado.
Esa tarde lluviosa, en la soledad de su casa quiso acallarlo nuevamente.
“¿Ahora no?” pregunto El
-Exacto ahora no- contesto ella
-Espera…- arrepentida cambio de opinión, sintiendo una gran necesidad de aclarar las cosas.
-La realidad es que… esta situación es penosa para mi- confesó
“¿De verdad eres feliz sin mi?”
-He pensado algunas veces que si… pero lo cierto es que… me siento miserable lejos de ti- Carol se atrevió al fin a sincerarse.
“¿Qué es lo que de verdad tu corazón anhela? Me gustaría escucharlo”
-¿Qué es lo que anhelo?… pues, yo…-
Y antes de soltar la respuesta que colgaba ya de su corazón, indago con necedad, con el resto de altivez que tenía.Mujer triste
-¿Por qué en primer lugar no te has ido? ¿Por qué sigues aquí, pegado a mi dia y noche? ¿Por qué? ¿Acaso no ves quien soy? Si pasan días y no te dirijo la palabra, cualquier otra persona se habría marchado ya ¿Cómo puedes…?-
“Tu sabes bien por que”
Contesto El y el corazón de Carol estallo gritando la respuesta que siempre había conocido y que tanto se esmeraba por ocultar, las lágrimas se cuajaban en sus ojos, resistiéndose aun a desbordarse. Sabía que vendrían de nuevo esas dos palabras juntas, y toda ella comenzó a temblar.
“Te amo” dijo El, derrumbando al fin el muro que Carol había construido entre los dos.
-¿Y a pesar de todo?-
“Siempre te amaré”
-¡Oh! ¡Dios! Te amo, perdóname, perdóname por todo por lo que he dicho, por lo que hecho el anhelo de mi corazón eres Tu…
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A ti extiendo mis manos; mi alma te anhela como la tierra sedienta. Respóndeme pronto, oh SEÑOR, porque mi espíritu desfallece; no escondas de mí tu rostro, para que no llegue yo a ser como los que descienden a la sepultura.…Salmo 143:6

 

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Bella

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Inicie hace algunos años esta preciosa aventura de escribir en un blog, a través de el he conocido tantas personas, las cuales se han convertido en parte de mi vida, y aunque no los veo ni los escucho están ahí, en esta ventanita a la cual asomo de vez en vez, para echarle un vistazo a su vida y si ellos lo permiten a su corazón.
Una de esas preciosas personitas es Bella, como algunas veces la llamó, quizá por que pega ese nombre con quien es ella.
Chari una persona que he ido conociendo poco a poco, a la cual admiro por su valentía, por su alma guerrera y por su espíritu de amistad, ella a la que va repartiendo cariño aquí y allá pese a todo, pese al dolor, dedicó este post.
Bella te quiero, gracias por tus detalles, por contarme entre tus amigos, anhelo que Dios siempre te acompañe en todo momento y en todo lugar.flor
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