Archivo de la categoría: Heridas del corazón

Luz

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no apagues su luz

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No te dejaré

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El sol del atardecer la abrazaba con delicadeza, esta vez no quemaba, el viento le enjugaba una que otra lagrima, el cielo con apenas unas cuantas nubes y el canto cercano de los pájaros, creaban un ambiente relajado, comenzaba a sentirse consolada, podría en cambio ese día llover imparablemente, evitando que saliera de casa, atormentando más su corazón, pero en cambio la preciosa tarde le invitaba a trabajar en su jardín, podría también llorar desconsoladamente vaciar su alma tirada en un sillón, sin embargo algo dentro de ella le decía que estaría bien, contra toda lógica y porque la naturaleza de ella es ser sensible, quizá demasiado

Era cierto su corazón  estaba hecho polvo ahora, golpe tras golpe, le habían dado un tiro final, sin miramientos,  sin consideraciones, como a un maleante, un delincuente y no lo era, su error era confiar, amar en demasía y a veces a ciegas.

arreglando el jardínPero todo estaría bien, al menos para ella, del resto el tiempo se encargaría de poner todo en su lugar, el perdón aunque nunca le fuera pedido llegaría, su corazón lo soltaría, volvería aligerarse y seguiría adelante.

EL había estado al pendiente de ella, observó como asomó su cabeza por la ventana, como cerró sus ojos y quiso escapar, fue entonces cuando la invito a salir al jardín, le susurro que la tarde era maravillosa, al toque a penas de su mano sobre su hombro ella comenzó a sentirse mejor.

“Todo estará bien, tu estarás bien, te lo prometo, estaré contigo YO no te dejaré… solo descansa en mi”

-Si estaré bien- creyó como si escuchará con su corazón aquel  susurro y se sonrió mientras con regadera en mano refrescaba sus flores aquí y allá

EL  envolviéndola en sus alas, levantó un vientecillo que le enjugó sus lágrimas, y pidió a las aves cantar…

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¡Brilla!

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luciernaga

-Solo quiero morir, déjame- Volvió a repetir la luciérnaga a la polilla en medio de la oscuridad de esa noche fría.
Luciérnaga llevaba varias noches así, tirada sobre el suelo, escondida bajo una hoja del durazno que se deshojaba poco a poco por el otoño, a veces parecía ya, lo que conscientemente quería y le repetía a Polilla. Inmóvil, sin importarle nada, de vez en vez sus ojos se inundaban en una corriente imparable de lágrimas ¿Pero qué? ¿Acaso las luciérnagas lloran? Al menos esta sí lo hacía y vaya que le constaba a la Polilla que así era.
-No sé exactamente qué pasó, te veías tan feliz revoloteando junto a Lechuza- comentaba Polilla a Luciérnaga la que, al escuchar Lechuza volvía a llorar sin decir palabra alguna.
– ¡Mmmmm!… me parece que la herida resulto ser mortal- Dijo Polilla después de inspeccionar a su amiga y cerciorarse de que estaba físicamente ilesa, con sus alas perfectamente intactas
-El daño puede ser irreparable en ti, si así lo quieres y decides que sea, lo que por lo visto no sabes y mucho menos Lechuza, es que el daño se extiende mucho más de lo que hizo aquí- menciono Polilla señalando el pecho de Luciérnaga.
-Los que están alrededor de ti les afecta, aun los que ni siquiera te conocen les afecta- Continuo Polilla
-Si ya lo sé, quien quiere a una luciérnaga deprimida cerca- dijo con una sonrisa torcida
-Por eso te escondes, te concentras en lo que eres a partir y después de Lechuza, pero ¿Recuerdas quien eras antes?-
Luciérnaga intento recordar, pero el dolor no la dejaba ver, era como un muro gigantesco que cercaba en su mente todo, pero Polilla no lo olvidaba, recordaba a su amiga entusiasmada por hacer cosas locas por los demás para hacerlos sentir bien, aun a los extraños, en sus ojos había una chispa que avisaba cuando una idea nueva trabajaba en su mente, nada la detenía, y aunque a veces era criticada y señalada, Luciérnaga se sacudía el polvo y seguía revoloteando por ahí, regalando sonrisas, y de todo esto le hablaba Polilla a Luciérnaga la cual escuchaba con incredulidad y asombro como si hablaran de otra criatura.
luciernaga 2-¿Recuerdas cuando seguías a ese pobre granjero recorriendo ese camino oscuro hasta su casa?-
– Si, que tonta, pensaba que mi pequeña e insignificante luz podría alumbrar un poco su camino-
– Tu y yo no podemos saber si era suficiente esa luz, o si al menos el notaba que estabas junto a él, pero ¿Recuerdas cómo te sentías entonces? ¿Recuerdas esa sensación dentro de ti cuando volabas?-
De pronto Luciérnaga se vio embestida por los recuerdos, el sentimiento de quien era antes la invadió, sus ojos pararon de llorar, entonces de pronto era como si estuviera nuevamente ahí, volando con decisión junto al granjero, haciendo oídos sordos a las demás luciérnagas que se burlaban por su intento de alumbrar el camino del viejo, un reconocido y renovado calorcillo envolvió su corazón, disipando poco a poco el dolor.
-No dejes de ser quien eras, reconoce nuevamente tu propósito ¡Brilla! No te canses de hacer el bien, no niegues, ni escondas tu luz ¡Brilla!-

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A partir de hoy

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El estruendo y el barullo de aquella tarde taladraban con insistencia la cabeza de Gino, todos se veían tan felices, auténticamente felices, insoportablemente felices, tal parecía que la alegría desbordada no cabía en aquel pequeño salón asfixiándolo, intentando entrar en cada poro de su piel a fuerza de las insistentes felicitaciones , se esmeraba por sonreír al menos nadie podría culparlo de ser un amargado, sus carcajadas se habían convertido en una válvula de escape, por la que liberaba de vez en vez cierta dosis de dolor, el suficiente para no volverlo loco, pero guardando  el necesario, como recordatorio.

conversando-¿Qué pasa?- pregunto Rosie, quien lo había visto escapar hacia el jardín y tomar asiento en una de las bancas

-¡Nada! ¿Qué habría de pasar? ¡Es mi cumpleaños estoy feliz! – respondió Gino con una gran sonrisa

-Te conozco ¿Tengo que recordártelo? – insistió Rosie

Gino sabía que no podía engañarla, por increíble que a veces le pareciera, él era como un vaso de cristal en sus manos, poco o nada podía ocultarle, era quizá por esa razón, que se había convertido en su mejor amiga, el cariño que Rosie le tenía, hacia tiempo había pasado de una simple atracción, era más como el cariño hacia un hermano, lo que le hacía anhelar con todo su corazón lo mejor para el.

-¿Hasta cuándo Gino?- la pregunta había dado en el blanco y el solo atinó a apoyar sus brazos sobre sus rodillas, llevando sus manos a la cabeza.

-He hecho cosas terribles-

-De lo cual estas arrepentido lo sé, la pregunta es ¿Es necesario traerlo contigo a cada instante?-

-Estoy muy dañado, más allá de lo recuperable-

– Y aun cuando pudieras ponerte a cuentas con cada una de esas personas, aun cuando te pusieras a cuentas con Dios, si no lo haces contigo mismo, seguirás castigándote, aun cuando te repitan tantísimas veces que a ellos ya no les importa tu pasado –

-No entiendes-

-Si entiendo-

-No soy bueno-

-¿Te das cuenta? Aquí estas de nuevo reprochándote, castigándote, despreciándote por cosas que ya quedaron en el pasado, y mientras no lo hagas, no podrás se feliz, seguirás fingiendo ante los demás, y lo que es peor, seguirás lastimando a otros, convenciéndote a ti mismo que al fin y al cabo eres la maldad personificada- continuo Rosie provocando una sonrisa retorcida en Gino con su última frase

-¿La maldad personificada? …¡Vaya!  Esa es nueva, la agregare a mi lista-

-Tu ancla está echada en el pasado, de ahí parte todo, y sabes no debería ser así si te hace daño, si afecta tu presente y por consecuencia tu futuro y el de los que están a tu alrededor-

Como otras veces las palabras de Rosie le escocían, no buscaba su consuelo, ni el de nadie pero en algo tenía razón algunas veces lastimaba con sus palabras a otros sin merecerlo, solo por sentirse odiado,  alimentando la idea de no ser bueno para nadie.

– ¡Se libre! ¡Se feliz hombre! – continuo Rosie dándole un empujoncito con su hombro, regalándole una sonrisa.

-Mereces ser feliz, profundamente feliz, sin fingimiento, y sabes eso no pasará hasta que te perdones a ti mismo, hasta que eches fuera de ti toda esa basura maloliente que llevas años cargando,  guardando celosamente dentro de ti, hasta que entiendas que todo eso ya no importa, que no se  puede cambiar lo que ya pasó, pero que si puedes cambiar lo que hay a partir de hoy-

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Basta ya (II parte)

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Ceci terminó de realizar la curación a Gabo y lo acompaño a la dirección, estaba dispuesta a ser su apoyo al hablar con el director.
-¡Ceci tengo un niño que se siente mal, en la enfermería!- le llamaba una maestra por lo que tuvo que acudir dejando solo a Gabo, prometiéndole que volvería en cuanto le fuera posible.
Al tiempo Gabo observo como por el pasillo de lado contrario Bruno se acercaba, enseguida Gabo se encogió, llenándose de temor, convencido de que este lo buscaba seguramente para rematar lo que ya había iniciado, para reprocharle que lo hubiera acusado.
Bruno con cara de fastidio y obvio enojo tomo asiento en la única silla disponible afuera de la oficina del director, junto a Gabo. Su mayor preocupación en ese momento, era lo que le esperaba en casa y no precisamente ese niño debilucho que le servía de juguete y distractor, por lo que apenas si lo miró.
Cuando conoció a Gabo, se acercó para tentarlo, primero con una pequeña burla sobre su cabello rizado, al ver que este no reaccionaba, no se defendía y no decía nada, tiró por algo más ofensivo, de las palabras se fue al maltrato físico igualmente tentando al principio con un empujón, para después propinarle golpizas, varios de sus compañeros que al principio solo observaban se aliaron con Bruno.
pareja discutiendoBruno no le parecía tan malo, después de todo, es lo que vivía en su casa, de hecho se sentía bien, por saberse capaz de expresarse del modo en que sus papas lo hacían, en cierto modo era liberador, no sabía porque pero el enojo, se iba con cada palabra, cada golpe, que daba a Gabo, verlo llorar, eran como las lágrimas de el mismo, que se negaba ya a tener. En casa sus padres parecían estar más exasperados que nunca y otras veces parecía simplemente no existir, su padre regresaba muy tarde de trabajar y su madre salía con frecuencia, a veces el requerir un poco de su atención tenía un alto precio, gritos, miradas llenas de furia y de desprecio, sí, el mismo lo reconocía era un poco más travieso que otros niños, pero la mayoría de las veces no había razón para tal maltrato y en el fondo se preguntaba si era normal, y si acaso todos los niños lo vivían en sus casas ¿Y si todos los padres eran así con sus hijos?. Una lágrima de desesperanza, broto entonces de Bruno.
maltrato infantil¿Quién podría detener tal abuso? Quien podría detener la mano de aquel adulto frustrado, ignorante del cómo manejar sus sentimientos y emociones, imparable eran esas palabras que una vez pronunciadas llegaban al corazón del niño ocasionando un dolor más profundo que el cable azotado en su espalda.
-Ya basta… porque tú eres digno de amor y de respeto, porque eres valioso, porque eres único e inigualable-
Apenas se escuchó como en un murmullo con voz temblorosa, para enseguida volver a repetirse pero estaba vez con más decisión.
-¡Ya basta! Porque tú eres digno de amor y de respeto, porque eres valioso, porque eres único e inigualable… eso fue lo que me dijo Ceci, ¿Y sabes qué? Tiene razón…- se animó al fin a decir Gabo con sus ojos cuajados en lagrimas
Las palabras entraron en el corazón de Bruno arrojando luz dentro de el, reconociendo y adueñándose de cada palabra para sí mismo.
En ese momento Eduardo se acercaba por el pasillo y en cuanto vio a Gabo fue directo hacia el.
-¡Maldito soplón! Pero ahora veras-
Y diciendo esto lanzó su puño sobre Gabo, el cual para sorpresa de todos fue interceptado por Bruno.
-¡Déjalo en paz! ¡No te atrevas o te parto la cara!-
Gabo hecho bola sobre sí mismo, miraba a ambos con asombro e incredulidad.
-Ya basta… ¿No?- Alcanzó a pronunciar Bruno sonriendo y tendiéndole la mano a Gabo.

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LLUVIAEsa tarde  lluviosa, Any decidió cancelar su salida al cine y quedarse en casa reacomodando algunos archivos. Desempolvando aquí y alla encontró algunas fotos, observando y comparando con algunas más actuales se dio cuenta de que algo en su mirada había cambiado, entonces se miró frente al espejo y lo confirmó, le dolió ver lo que ahí encontró, le dolió notar que el brillo en sus ojos, agonizaba.

“¿Por qué?” Se preguntó.

Vinó entonces a su memoria esa amiga, a la que un tiempo considero como una hermana, la que sin más de un día para otro cambio; por sus propias razones, porque su mundo alrededor ya no era el mismo, y su única opción, porque su amiga así lo decidió, fue encerrarse y llenarse de amargura.

Any intentó varias veces acercarse a ella, y cada vez regresaba herida a casa, nadie la había ofendido y herido tanto como ella; el empeño de Esther por menospreciarla era incomprensible todo de repente en Any le molestaba, le inventaba mil defectos, le acusaba de cosas que jamás hubiera creído posible pensara de ella y eso era lo que más le dolía.

Any decidió poner distancia entre las dos, pero la etiqueta que Esther ya había puesto sobre ella, le gritaba “¡MALA!”. Y frente al espejo comenzó a cuestionarse cada día.

“¿MALA? ¿Acaso lo soy?… ¿Soy MALA? ¿A caso lo seré? … Soy MALA, bueno pues por algo lo dirá… Soy MALA tal ves lo sea… si tiene razón soy MALA… ¡Soy mala! Apártense todos de mi porque les haré daño”

Y la gente alrededor de ella comenzó a ver como cambiaba su humor, su actitud;  hasta esa tarde en que se miró al espejo y se dijo así misma que no era así, que ella no era la etiqueta que otra le había pegado y que había comenzado a creer, se dio cuenta muy a tiempo lo increíble que es que una persona te diga todo el tiempo lo que no eres y que al cabo de un tiempo empieces a creer que lo es, y que si bien es cierto funciona cuando nos motivan con palabras de aliento para impulsarnos a seguir adelante y ser mejores, también funciona de forma negativa haciéndote creer que eres menos que nada.  No era ella quien se empeñaba en cambiar, pero si era culpable de permitir que otro influenciara sobre ella y su miradaestado de ánimo.

Esa tarde Any se reconcilio con ella misma, se valoró nuevamente y se dio cuenta que en realidad, la invalorable esencia dentro de ella se mantenía intacta,  el brillo resurgió en sus ojos, y la etiqueta resbalo entonces, se dijo que cualquiera podría venir con toda la intención de colocarle, más etiquetas pero que ninguna esta vez se le quedaría, Any seguía siendo la chica de siempre, la que todos conocían y querían la chica BUENA, la que era capaz de perdonar, y bendecir aun hasta los que la maldecían.

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candado

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